jueves, 9 de enero de 2014

Acefalías, o siguiendo las huellas del deseo destituyente. El temita de los malvones de Cristina. Todo muy rico, pero algún arrepentido K, cual pitonisa, añade una pizca de humor y paranoia. Y todo viene con “budines”.

Dado que la dirigencia política está de vacaciones, la tarea de hostilizar al Gobierno ha quedado a cargo de la “patria periodística” opositora. La tarea para esta semana consiste en señalar una supuesta vacancia de conducción, una supuesta “acefalía” presidencial. O sea: “Cristina ya no nos gobierna”.
En esa línea, Ignacio Fidanza escribió un brulote que ofrece como “viga maestra” este párrafo: “El fin de semana pasado, en plena crisis de cortes de luz y piquetes, Cristina Kirchner decidió ir a comprar unos malvones a un vivero de El Calafate. El dato se comenta con preocupación en los círculos de decisión del peronismo, real sostén del Gobierno.
¿Se entiende? Asistimos a una fase de mutación delarruista de Cristina, sustituyendo “bonsai” por “malvones”, a la cual sólo le queda ir al programa de Lanata a competir con su imitadora, enviar saludos equívocos y confundir la puerta de salida del decorado. Esto (ya sabemos) culmina en un helicóptero. Dice Fidanza: “No hay conducción”. Y faltan apenas horas para que comience a batir el parche en sentido contrario, acusando a la Presidenta de ejercer un “liderazgo decisionista”, “refractario al diálogo” y demás. Pero eso será mañana, o pasado, cuando la presencia de Cristina les resulte otra vez insoportable.
En esta línea, que insiste en la vacancia de liderazgo, tenemos a Eduardo Van Der Kooy: “Es cierto que Cristina estuvo recluida desde el 20 de diciembre en El Calafate. Que la llegada a su voz en el teléfono no resultó sencilla. Pero el propio jefe de Gabinete (Capitanich) relativizó los comentarios sobre esa ausencia y sostuvo que Cristina tomó decisiones todo el tiempo de su estancia en el Sur.” Y dice más: “La realidad estaría denunciando, sin embargo, la existencia de algún importante desacople entre Cristina y el elenco de su Gobierno que lleva adelante las acciones. Podría tratarse de un desacople, en ese caso remediable, o quizás de una desorientación generalizada ante las crecientes dificultades.”
Según Van Der Kooy, la política argentina puede explicarse como resultado de las vicisitudes, de los errores y aciertos de un Gobierno que juega con una pelota al frontón. No hay otros actores que deban ser incluidos en el relato del conflicto de poder: no hay otros sujetos políticos, ni económicos, ni mediáticos. Se trata de “Cristina y su circunstancia”, y no mucho más. Una fuerte contribución a la confusión general, que no se aparta de la línea: denunciar la “ausencia” de la Presidenta para después, mañana o pasado, repudiar su activismo. Oposición gata flora.
Pero, claro, el cuadro de situación se completa con las provocaciones de Lucas Carrasco, (desde su cuenta @carrascolucas), bajo el título ACEFALÍA. Copiamos algunos tweets:
“La presindente no conduce ni su gabinete. Si por conducir se entiende entusiasmar, liderar, ser creíble y admirada, persuadir. ES NADA / Esto es un cachivache, con la presidente yendo 2 hs por mes a trabajar, bah, a ridiculizar a quienes quieren salvarla de la cárcel. Chau... / Y no hay que descartar que CFK negocie su impunidad y la de su parentela, entregue a algunos camporistas y se vaya a comprar malvones / ¿Qué falta para el Juicio Político? Que Massa acuerde con la bancada del FPV el reparto de ministerios: ergo, faltan 5 puntos de inflación / Naturalmente, cuanto antes el Congreso suspenda a CFK y los tribunales la metan presa, más fácil será reconstruir el país y nuestra doctrina / Para los que adherimos a la izquierda nacional el desafío es cómo hacer creíbles nuestras ideas después de la delincuencia camporista / Irá presa un tiempo, luego saldrá. No es tan dramático. Se rajará del país con lo que choreó. Y en 2014 elegiremos otro presidente y chau.”
En fin, la prensa opositora sirve la mesa, rica en hipótesis destituyentes. Y algún “arrepentido K”, metido a pitonisa, con su humorismo acaso involuntario le añade la sazón conspirativa y paranoica que vuelve todo mucho más sabroso. Casi tanto como un budín de Carrefour.