miércoles, 15 de enero de 2014

Y se fue Juan Gelman, el poeta mayor de la lengua argentina.

Es buena la síntesis biográfica y política que ofrece Telam: "El poeta Juan Gelman (1930-2014), que a lo largo de su vida conjugó la prosa con la vocación revolucionaria y la búsqueda de justicia por sus hijos y nuera desaparecidos, murió este martes a los 83 años en México, lugar en el que residió los últimos 25 años de su vida". Y aquí sigue la reseña biográfica.
Pero, también, vale recordar esta lectura escrita por un especialista, Juan Carlos Martini Real, un escritor ya fallecido, publicada en diciembre de 1977*, cuando nombrar a Gelman, y más aún elogiarlo, era jugar con fuego.
"Desde su primer libro, “Violín y otras cuestiones” (1956), y que Raúl González Tuñón saludara con su prólogo entusiasta, pasando por “El juego en que andamos” (1959), “Velorio del solo” (1961) y fundamentalmente “Gotán” (1962), el libro que marcó a gran altura el agotamiento de una tendencia poética y el punto preciso en el camino individual del poeta -el logrado equilibrio de una temática y una expresión-, hasta “Los poemas de Sidney West” (1969), “Fábulas” (1971), “Cólera buey” (1971) -libro que recogía los poemas escritos entre 1962 y 1968- y “Relaciones” (1973), la obra de Juan Gelman muestra una ambiciosa búsqueda de un lenguaje trascendente, ya sea a través del “realismo crítico” y el intimismo, primeramente, y luego, ya desligado del vallejismo** tutelar de una vasta etapa de su producción poética, con la apertura hacia otras modalidades, la persecución de un estilo, de una manera de ver el mundo, la conjugación de una aventura verbal que no descarta el compromiso social y político, como una forma de templar y comprometer arriesgadamente la poesía con las grandes cuestiones de nuestro tiempo".

*"Los mejores poemas de la poesía argentina", Juan Carlos Martini Real, editorial Corregidor, 1977. 
**César Vallejo es uno de los poetas peruanos más reconocidos de todo el mundo, dada la impresionante innovación que  supuso su obra para la poesía del siglo XX. Nació el 16 de marzo de 1892 en Santiago de Chuco y falleció en París a los 46 años.
La ilustración que encabeza esta página es del artista argentino Hermenegildo Sabat, y formó parte de la muestra de homenaje a Juan Gelman, "El emperrado corazón amora", celebrada en Lisboa, Portugal, en 2009.

Seleccionamos tres textos, entre los más conocidos, para recordarlo.

GOTÁN

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus
manos.

Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en la soledad.

Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté,
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por la última vez.


EL FACTO Y LOS POETAS

Los poetas se mueren de vergüenza,
ningún decreto los prohibe,
ninguna radio los calumnia,
los poetas se mueren de vergüenza.

Alguna vez, de noche,
se ve pasar a un poeta con camello,
ubro de péstalos con crama espaminostas,
lástima, lástima, dicen las vecinas,
porque era un buen muchacho.

Muchos de ellos se encuentran sin cojones
en el momento culminante del cariño:
no es problema, se escriben un versito
pa' la posteridá.


ANCLAO EN PARÍS

Al que extraño es al viejo león del zoo,
siempre tomábamos café en el Bois de Boulogne,
me contaba sus aventuras en Rhodesia del Sur
pero mentía, era evidente que nunca se había movido
del Sahara.

De todos modos me encantaba su elegancia,
su manera de encogerse de hombros ante las
pequeñeces de la vida,
miraba a los franceses por la ventana del café
y decía "los idiotas hacen hijos".

Los dos o tres cazadores ingleses que se había
comido
le provocaban malos recuerdos y aun melancolía,
"las cosas que uno hace para vivir" reflexionaba
mirándose la melena en el espejo del café.

Sí, lo extraño mucho,
nunca pagaba la consumición,
pero indicaba la propina a dejar
y los mozos lo saludaban con especial deferencia.

Nos despedíamos a la orilla del crepúsculo,
él regresaba a son bureau, como decía,
no sin antes advertirme con una pata en mi
hombro
"ten cuidado, hijo mío, con el París nocturno".

Lo extraño mucho verdaderamente,
sus ojos se llenaban a veces de desierto
pero sabía callar como un hermano
cuando emocionado, emocionado,
yo le hablaba de Garlitos Gardel.